Entre algodones trabaja recogiendo,
Entre rosas trabaja cortando,
Entre jazmines oliendo,
Y nunca descansa.
Bajo el Sol o contra el viento,
El tiempo le pasa,
Se cansa la vida,
De aquel que trabaja.
Su esfuerzo disminuye,
No las horas de trabajo,
Y por más que lo niega,
El cuerpo resentido,
Niega doblar el espinazo.
No está recompensado el esfuerzo,
Vive bajo el yugo del esclavo,
Ojalá respira el aire
Del de arriba, en un descanso.
¿Quién gobierna al gobernante?
¿Quién paga al parado?
¿Descansa el pobre acaso,
De la madre en el regazo?
Ni un regalo da la vida,
Todo acaba en el esfuerzo,
Suspira el que trabaja,
Sin parar de hacerlo.
Apunta alto el que sabe,
Pues si apunta en medio cae la flecha sin dar en diana,
Apunta abajo el que manda,
Y cae sobre el resto su ceniza tirana.
Cuenta cuentos una madre,
Acuna con la Luna en la ventana,
Mece suave la cuna del niño,
Esperando que nunca le toque el día de mañana.
Reposa al niño y vuelve a trabajar,
Cortan sus manos las flores,
Corta ella sin parar,
Hace ramos con esas flores,
Sabiendo que marchitarán.
Levanta la cabeza al cielo,
Y grita de júbilo al comprender,
Que su jornada ha acabado,
Y se calla al recordar,
Que le quedan horas de trabajo,
Una vez llegue al hogar.
Noches sin descanso,
Razones mil para ello,
Y al día siguiente se levanta,
En el trabajo deja su sello.
Con el tiempo se retira,
Cuando su cuerpo no puede más,
Comprende que hizo en vida,
Lo que pudo y debía,
Sin mirar nunca atrás.
Hoy lo hace y agradece,
Haberse cortado tanto,
Por ver cómo su hijo crece,
Sabiendo que lo ha cuidado.
La Luna reposa en la ventana,
Y la madre tose en la noche,
Su hijo se acerca con agua,
Y no consiente reproche,
La acuna en su cama,
Deseándole con dulzura:
Buenas noches
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