lunes, 9 de julio de 2018

Mujer

Desde la ventana escuchaba
De fondo muchas risas,
Muchos niños que jugaban
Sin que pasasen los días.
El tiempo con ellos no existía.

Un día se asomó,
El aire entró por su casa,
Hacía tiempo que no corría
El olor de Sevilla que tanto le gustaba.

Desde el parque se veía,
Cómo un viejo miraba,
Y se sorprendió al ver,
A aquél ángel que anhelaba.

Una niña que no paraba quieta,
Chiquilla que de un lado a otro se movía,
Que gritaba y reía,
Siendo feliz.

Los niños de aquel parque
Transmitían mucha vida,
Y de fondo estaba aquel hombre,
Que una mueca triste
Portaba y se veía.

Las madres comentaban,
Los padres se reían,
Pues desde entonces,
A la ventana acudía.

Veía las mentes puras,
Veía su inocencia,
Pero no quitaba ojo,
De aquella joven belleza.

La niña un día se dio cuenta,
Y ella le sonreía,
Pero él su gesto,
Nunca torcía.

Una mañana la niña,
A la ventana miró,
Y no comprendía
Dónde estaba aquel señor,
Y se preguntó entonces
Por qué no sonreía.

El jaleo se escuchaba lejos,
Los coches pasar,
Las personas con su alegría,
Los bares repletos,
Y el olor de Sevilla,
De una flor...

Cuando el Sol más alto se ponía,
La niña casi marchó,
Su madre la llamaba,
Pero antes de irse, se volvió.

Un hombre en un banco,
El anciano de aquellos días,
Cabizbajo él lloraba,
Con una flor en las manos,
Que temblaban y temían.

Ella se acercó despacio,
Y con su mirada se encontró,
Él le tendió la mano,
Y con ella, la flor.
La cogió y salió corriendo
Hacia su madre.

Nadie volvió a ver al hombre,
Solo pocos lo sabían,
Falleció aquella noche,
Mientras dormía.
Una nota había dejado,
En la que ponía:

«La flor que nunca tuve»
Junto a la nota,
una foto de una joven,
Que del brazo sostenía,
Al que fue él en algún tiempo,
Y ahora solo moría.

Pasaron los años.

La niña se hizo mujer,
y un día caminando recordó,
Aquel parque... aquel día...
Y de pronto comprendió.

Se quedó en silencio, quieta,
La niña lloró,
Bajo el Sol de Sevilla,
Miró al cielo,
dijo adiós.

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